Prólogo a la colección Sobre el Partido Revolucionario de Nuevo Tipo
- Editorial Esténtor
- 20 ago 2025
- 4 Min. de lectura
El planeta, es evidente para cualquiera, está en un proceso de reconfiguración política total. El capitalismo en su fase imperialista ha entrado ya en un proceso de decadencia irreversible (y no pocos, incluso, se atreven a calcular la fecha aproximada a su muerte definitiva) como fatal consecuencia del desarrollo imparable de sus contradicciones inmanentes, tal como lo prueban las feroces luchas internas por el poder escenificadas en las tres últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, entre republicanos y demócratas. La explicación de tal enfrentamiento consiste en que cada uno de ambos grupos cree poseer la fórmula perfecta (radicalmente distinta a la de su oponente) para salvar al imperio moribundo.
Ante este panorama internacional, resulta indispensable que todos los países del llamado Sur Global o Subdesarrollado, México entre ellos, nos preguntemos si estamos trabajando, con las necesarias seriedad, información y constancia, en la elaboración de la alternativa adecuada para llenar, con ventajas tangibles, el hueco que, con su desaparición total o su debilitamiento absoluto, dejará en nuestros países el sistema de explotación que hoy nos domina e impide nuestro crecimiento y desarrollo. Debemos preguntarnos, además, si sabemos con precisión y certeza con qué elementos debemos contar, desde ahora y más adelante, para poner en ejecución, sin dilaciones ni tropiezos evitables, la alternativa previamente diseñada.
Es con esta problemática en mente que hemos decidido publicar esta pequeña colección que reúne los trabajos de Lenin acerca de la necesidad imprescindible de que las masas trabajadoras cuenten con su propio partido de clase, diseñado y construido no para ganar elecciones en liza con los partidos burgueses, sino para educarlas, organizarlas y conducirlas a la toma total del poder político. Por eso, hemos decidido presentar este modesto esfuerzo bajo el siguiente título general: “Sobre el Partido Revolucionario de los Trabajadores”.
No queremos ocultar el carácter intencionalmente provocador de nuestra colección. Estamos perfectamente actualizados acerca del menosprecio y el rechazo con que la izquierda de nuestros días habla y se comporta respecto a la teoría leninista, en particular respecto a su teoría del partido revolucionario de nuevo tipo, culpándola sin matices de ser la responsable de la dictadura soviética encabezada por Iósif Stalin, de los “crímenes” cometidos por él y del fracaso final del experimento soviético. El odio y la condena a las tesis leninistas sobre el partido y la revolución social son tan hondos y monolíticos en la izquierda de nuestros días que quien se atreva discutirlos en su presencia corre el riesgo de ser agredido, incluso físicamente.
Pero el monolito antileninista presenta una fisura, y no muy sutil ni escondida, por cierto: en ninguna parte del mundo la izquierda actual ha podido demostrar con sus hechos que se pueden hacer cambios revolucionarios verdaderos, tangibles, que se noten y se registren en la vida de las grandes masas explotadas del planeta, sin necesidad de un partido bien organizado y educado que conduzca el proceso. Puros intentos frustráneos de cambiar el mundo o sonados fracasos que conducen a peor lugar que el punto de partida, de los cuales el Cono Sur de nuestro continente ofrece un muestrario relativamente surtido. Y allí donde la revolución avanza y se fortalece en medio de inmensas dificultades, hay un partido revolucionario que dirige el proceso. Esto, sin ser exactamente así, se parece más a la consigna lapidaria de Lenin: “Si no hay partido, no hay revolución”.
Pues bien, nuestra pequeña colección ha sido hecha con la clara intención de revigorizar la discusión seria y documentada sobre la teoría leninista del partido, contrastándola con los puntos de vista modernos que se le oponen y, sobre todo, con las realizaciones y los éxitos de quienes la condenan como perniciosa para los intereses vitales de los explotados. Revigorizarla o revivirla allí donde la consideren muerta y enterrada. Y, para eso, nos apresuramos a acercarles el material indispensable. Ése es nuestro minúsculo desafío, nuestro “rugido de ratón”.
En la colección que aquí presentamos, hemos reunido 11 obras de Vladimir I. Lenin que versan sobre la teoría del partido, sobre su carácter imprescindible para el éxito revolucionario y sobre las características precisas que debe reunir para poder jugar su difícil función. Las hemos ordenado cronológicamente, es decir, según la fecha en que fueron escritas, con la intención de poner de relieve tanto el desarrollo del pensamiento del autor como la intensificación progresiva de la lucha teórico-ideológica en torno a las cuestiones más esenciales de la revolución que se avecinaba en Rusia, entre las que destaca, precisamente, la del partido de nuevo tipo. Las obras son: Nuevos cambios económicos en la vida campesina (1893), ¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas? (1894), El contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve (1895), El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899), Las tareas de los socialdemócratas rusos (1898), ¿Por dónde empezar? (1901), ¿Qué hacer? (1902), El programa del POSDR (1902), A los pobres del campo (1903), Carta a un camarada sobre nuestras tareas de organización (1904), Un paso adelante, dos pasos atrás (1904).
Como prueba, pequeña pero indispensable, de que el pensamiento de Lenin no era, y no es, sino el desarrollo y la culminación del pensamiento revolucionario ruso que nació con la rebelión de los decembristas en 1825, pero siempre impulsado por la necesidad de dar respuesta concreta (es decir, científica) a los problemas planteados por la lucha real (como la necesidad, o no, de construir un partido de nuevo tipo), creímos necesario, además, incluir en esta colección, a manera de estudio introductorio a las obras de Lenin, obras de Federico Engels y de Gueorgui Plejánov. De Engels, hemos incluido Acerca de las relaciones sociales en Rusia, escrita en 1875; de Plejánov, las obras: El socialismo y la lucha política (1883), Nuestras discrepancias (1885) y Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la historia (1895).
Pensamos que leer estas obras son un buen punto de partida para entender el desarrollo ulterior del pensamiento revolucionario y de la economía rusa hasta llegar a Lenin, quien plantearía por primera vez la necesidad de una verdadera revolución y la consecuente urgencia de un partido de nuevo tipo que la preparara y dirigiera. Por todo lo dicho, consideramos que reeditar estos materiales es útil, si no es que necesario; y creemos también que lo que “Lenin proponía es algo que a nadie perjudica conocer o repensar. Él llevó a cabo el trabajo más arduo, y a las generaciones posteriores nos dejó sólo la tarea de estudiar, discutir y actualizar seriamente sus obras y su pensamiento”. Que así sea.





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